Aquella mañana Manuel después de haber tomado un largo baño,
se dirigió al supermercado, como siempre, para comprar la despensa y sobre todo
el pan dulce que siempre le encantaba y acostumbraba desayunar. Esta vez al
llegar a la panadería, extrañamente el pan, no estaba recién hecho, sin embargo
se podía notar que no llevaba mucho tiempo en el mostrador. Cogió sus cinco
panes sistemáticos, comprando en mayoría “cuernitos” y se dirigió a pagar.
Al poco tiempo, se dio cuenta que se hacía tarde para llegar
al trabajo, así que regreso a casa lo más pronto posible, solo alcanzo a tomar
un jugo y a cortar un cuernito a la mitad, antes de partir al trabajo, se dio prisa en su trayecto, llegó apenas a
tiempo y se puso a desarrollar unos proyectos que tenía pendientes. Terminó
unas horas antes lo que tenía pendiente y tomó rumbo a su hogar.
Regresando a casa se dirigió hacia la cocina a comerse lo
que pensaba alcanzaría a terminarse en la mañana. Sin embargo cuando llego se
dio cuenta de que el cuernito junto con el plato y el cuchillo con el que lo
había partido ya no estaban. Esto no lo preocupo por el momento a Manuel, ya
tendría tiempo para averiguar qué es lo que había pasado. Se dio el último
espacio del día para improvisar en su piano, sus manos se movían al compás de
sus pensamientos, siempre que él tocaba sentía como las vibraciones llegaban
lejos y movían a otras personas, parecía como si él se moviera con el ritmo y
se trasladara a otras dimensiones.
Agonizaba la noche y decidió tomar su debido descanso, empezaba
a relampaguear y el cielo empezaba a deleitar con sus melodías en forma
líquida. Empezaba a sentir ese proceso que se da entre la vigilia y el sueño,
cuando de repente comenzó a escuchar algo como un crujido, un sonido chirriante; como el de
algún objeto metálico chocando contra uno de vidrio. Por causas naturales se
asomo a la ventana, a pesar de que el sonido solo se oyó un par de veces y atónito vio algo totalmente inverosímil, su
plato estaba ahí, con el pedazo de pan que había cortado a la mitad y el
cuchillo, solo que había algo peculiar en aquel cuchillo, estaba escurriendo
sangre que parecía llevar poco tiempo en aquel metal.
Manuel salió y subió
a la azotea tomó y regreso el pan a la cocina, lo probó y misteriosamente vio
que aquel cuernito tenía un sabor un tanto salado por dentro pero seguía
totalmente fresco. Decidido a dormir a pesar de lo que estaba pasando, intento
taparse los oídos y los ojos a como diera lugar, sin embargo el sonido volvió a
repetirse, exaltado a la vez temeroso repitió su curiosidad de ver por la
ventana e increíblemente él plato seguía ahí y decidido a acabar con todo esto,
Manuel corrió y subió de nuevo aquella escalera; lentamente sentía la
inseguridad de pasar por cada escalón mientras su corazón empezaba a distribuir
rápidamente más y más sangre, llego finalmente a la superficie se acerco a
aquel lugar y turbiamente vio que el
cuchillo había desaparecido de donde él había visto posarse.
En el suelo encontró que entre el agua estaba corriendo una
gran cantidad de sangre, y simultáneamente mientras él veía aquel suceso,
comenzaba a escuchar llantos, unos llantos terribles que no parecían ser ni de
animal ni de humano, intentaba descubrir de donde venían aquellos sonidos y cuando
volvió su mirada al suelo, la sangre que corría por aquella pequeña corriente
era mayor, como mayor era el llanto y aun mayor, la herida.
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