Oda a las ganas, de Ricardo Castillo. Tomado del libro de poesía, “El Pobrecito
Señor X”
El poderoso recordatorio para el absurdo hombre-cosa que muchas
ocasiones nos vemos en la pena de jugar a ser. Una carcajada infantil ante
cualquier actitud de adulto y demás ítems. Sí, imagínate a ti riendo en la
ducha. ¿Nunca has orinado ahí verdad? No señor, ése no es lugar para hacer sus
cochinadas. Imagínate jugando escondidas
y tu escondite es detrás de un coche, ¿no era ése su único uso?
Estás ahí, tirado en tu cama, doblándote de risa, y una súbitas
ganas de mear te invaden. Y vas. Ese ardor desaparece. Y todo sigue siendo
hermoso. Puede seguir riendo.
Ricardo Castillo bien pudo haberse inspirado en esa imagen, un
niño que a carcajadas se orina, para escribir este poema. Y qué importante es
recordar que somos seres que orinan, que se ensucian la cara, que comen con las
manos, que tienen mugre debajo de las uñas. Y recordar cuán diferente es la
vida cuando imaginas a los demás en el baño.
No se lea si le horrorizan los baños, si detesta el fluir cálido
de la orina y aún más el burbujeante sonido que esta hace al impactar el
mármol, piedra, tierra o árbol.
Orinar es la mayor obra de ingeniería
por lo que a drenajes toca.
Además orinar es un placer,
qué decir cuando uno hace “chis, chis”,
en salud del amor y los amigos,
cuando uno se derrama largamente en la garganta del
mundo
para recordarle que somos calientitos, para no
desafinar.
Todo esto es importante
ahora que el mundo anda echando reparos,
hipos de intoxicado.
Porque es necesario orinarse, por puro amor a la
vida,
en las vajillas de plata,
en los asientos de los coches deportivos,
en las piscinas con luz artificial
que valen, por cierto, 15 o 16 veces más que sus
dueños.
Orinar hasta que nos duela la garganta,
hasta las últimas gotitas de sangre.
Orinarse en los que creen que la vida es un vals,
gritarles que viva la Cumbia, señores,
todos a menear la cola
hasta sacudirnos lo misterioso y lo pendejo.
y que viva también el Jarabe Zapateado
porque la realidad está al fondo a la derecha
donde no se puede llegar de frac.
(La tuberculosis nunca se ha quitado con golpes de
pecho)
Yo orino desde el pesebre de la vida,
yo sólo quiero ser el meón más grande de la
existencia,
ay mamá por dios, el meón más grande de la existencia.
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