viernes, 8 de agosto de 2014

Un buen bistec: el arte de destruir tus nudillos.




De todos los deportes, el boxeo es categóricamente el más brutal. Ha permanecido a lo largo de siglos, incluso se cree que los egipcios disfrutaban destruirse con los puños y hasta construyeron guantes para tal fin.Para disminuir al rival, para reducirlo físicamente con tus puños. Causarle moretones, dejarlo tirado en la lona, indefenso. De eso va el boxeo. Y más que el boxeo, de eso van los boxeadores. Son científicos de la sangre muerta.

"Un buen bistec" del escritor estadounidense, Jack London, es la historia de un boxeador, Tom King.
La historia de como un hombre duerme a sus hijos horas antes de que el hambre llene sus cuerpos para que olviden que no han cenado. La historia del aire eterno de belleza de una mujer que acompaña a un boxeador. La historia de la eterna contradicción humana entre la experiencia y la juventud.
¡Cuán dificil es crear una carrera a base de golpes y fracturas de mandíbula! ¡Traer el alimento y la vivienda a costa de escupir sangre y sudor, de resbalar los golpes!
 Nos recuerda que la masa de nuestros músculos, que las venas que recorren nuestro abdomen, nuestro pecho y nuestra espalda tienen un límite. Nos disecciona las limitaciones del ser  humano. Y nos llena de esperanza: nunca faltará aquel que siga empujando a la raza humana. En toda generación estarán ellos, los que pueden partirse la cara y mantenerse de pie. Los que muchos confunden con locos. Los que muchos identifican como genios. Repasa más de una vez la primitiva necesidad del hombre y de su juventud de pasar encima de todo, a toda costa y de cómo, lo que una vez sentimos como una gran victoria, es en realidad el inicio de la inmensa, pero muy necesaria, gran derrota de nuestra vida: quedar en la lona con las venas reventadas. Y no poder más que desear un buen bistec.
Aquí dejo el cuento:

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